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viernes, 12 de febrero de 2016

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Las nuevas situaciones que estamos viviendo actualmente en Venezuela, tienden a modificar comportamientos hasta ahora tradicionales en la ciudadanía. Es el caso de los asuetos, como el recién pasado de carnaval, en los cuales la gente tendía a salir masivamente a disfrutar por unos días. Pero ahora, parece que no lo hacen tanto como antes.

El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, manifestó que los temporadistas en la entidad a su cargo disminuyeron en aproximadamente te 40%, un dato a tomar en cuenta si consideramos que las tradicionales costas mirandinas son uno de los desahogos de los vacacionistas del centro del país en los asuetos cortos, como el que nos ocupa hoy.

Otros ejecutivos regionales y locales, así como medios de comunicación diversos, reportaron también la disminución de turistas en playas tradicionales y en aeropuertos emblemáticos, como el de Maiquetía, con lo cual, en mayor o menor porcentaje, el llamativo fenómeno se repitió.

Y creemos que es llamativo, porque la cifra de viajeros tiende a mantenerse o a aumentar; rara vez a disminuir, y menos aún en proporciones tan notables.

Habría que detenerse a revisar esto y poner la lupa en cuáles son las causas para que se modifique la conducta de la ciudadanía, especialmente en unos días feriados que son para el disfrute familiar y que tradicionalmente se han prestado para movilizaciones multitudinarias, a fin de disfrutar de un merecido descanso y unos días de esparcimiento.

Capriles, en las declaraciones referidas, subraya el hecho de que el dinero cada vez rinde menos y se hace más difícil para una familia completa el intentar vacacionar. Si los gastos varios de alojamiento, comida y transporte se deben multiplicar por 4 o 5 personas, amén de la conocida inflación que nos ha afectado en los últimos tiempos, cada vez menos gente puede abordar semejante erogación.

Ni siquiera en destinos tan populares como las playas, que se cuentan entre los más solidarios. Ni en un fin de semana largo como el de carnavales, el cual debería resultar mucho más asequible que unas vacaciones de mayor aliento.

Lo aquí comentado podría perecer un acto de frivolidad, ante prioridades más urgentes que inquietan a la ciudadanía, como lo son las situaciones con comida y medicinas. Pero he aquí que cuando hablamos de calidad de vida para nuestra gente, eso incluye también el sano esparcimiento, el tiempo necesario y estipulado para alejarse de las responsabilidades y compartir entre familia y amigos; más aún cuando nuestra nación ofrece tantas opciones atractivas para vacacionar y definitivamente existen para todos los presupuestos. Pero parece que ya ni siquiera las más competitivas están al alcance de la familia venezolana. Y esto es una señal de alerta en cuanto al deterioro del bolsillo del pueblo.

Adicionalmente, recordemos que las tradicionales poblaciones turísticas de nuestra geografía comprenden a miles y miles de trabajadores que viven de lo que gastan los visitantes y así ha sido tradicionalmente por muchos años.

El hecho de que disminuya tan drásticamente el consumo de bienes y servicios en estos lugares, augura una contracción en la economía de los trabajadores del sector, lo cual suma a un círculo vicioso en el cual el alza de los precios aunada al menor ingreso, deteriore las expectativas de crecimiento de quienes se dedican a esta actividad, a la cual por cierto deberíamos apostar para nuestro desarrollo económico como país.

Y ya no se trata solamente de incentivar desde los ejecutivos regionales y locales las visitas a determinadas regiones, trabajo que por cierto muchos hacen hasta el alcance de sus posibilidades. Estamos hablando de que los potenciales visitantes tengan realmente la disponibilidad económica para pagar transporte, comida y alojamiento, para consumir en los lugares que visitan y para que de esta manera pequeños y medianos emprendedores de las regiones más atractivas de nuestra patria puedan edificar su independencia económica sobre una actividad que le aporta a nuestro nombre como país, creando un círculo virtuoso que nos beneficie a todos.

Las causas de por qué se contrajo la actividad turística en estos carnavales recién celebrados, son complejas y no alcanzaríamos a analizarlas en esta nota. Por demás no es el tema. Pero sí queremos insistir en que se trata de un tema que no podemos pasar de largo.

Ya de regreso en nuestros hogares y enfrentados de nuevo a la cotidianidad, ponemos de nuevo al fe en la dirigencia que tiene en sus manos el destino del país para enderezar el rumbo y no seguir siendo víctimas de una involución que nos está quitando hasta el derecho a escapar por un rato de nuestros problemas.

lunes, 1 de febrero de 2016


David Uzcátegui
@DavidUzcategui





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domingo, 29 de noviembre de 2015

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La noticia de las elecciones presidenciales argentinas ha traído cola. En realidad lo hace desde mucho antes, cuando se comenzó a perfilar lo que se jugaba: la continuidad del proyecto kirchnerista, que había estado al frente del país por más de doce años, o un cambio de rumbo a manos de una nueva alternativa.

La gente se decidió por el cambio encarnado en Mauricio Macri. Argentina vio por primera vez que los comicios presidenciales se decidieran en una segunda vuelta, lo cual fue una prueba de fuego para la institucionalidad del país.

Y vale la pena poner la lupa sobre los reacomodos que hubo en esta segunda vuelta. El hecho de que en la primera, el oficialista Daniel Scioli haya ganado por un margen tan estrecho, abrió la esperanza para la coalición opositora, que logró capitalizar el descontento generado por el desgaste del prolongado mandato de los Kirchner y remontar la cuesta para vencer, por estrecho pero indudable margen.

¿Cómo se revirtieron los pronósticos que vaticinaban como invencible a la maquinaria gubernamental? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero sucedió. Y no se debe tratar de un milagro, ni de un acto de magia –aunque de que vuelan, vuelan- sino más bien de una conjunción de propuesta y trabajo por parte de la gente de Macri, aunado al ya mencionado desgaste del prolongado mandato de Kirchner y señora.

Porque esa es una verdad incontrovertible, que a muchos políticos de oficio les cuesta aceptar: los liderazgos se desgastan, los ciclos de poder no se pueden prolongar indefinidamente. La propuesta política que hoy toca a su fin en la nación sureña, tuvo su momento, lo vivió y lo agotó. Llega el momento de pasar la página y es mejor aceptarlo. Punto a favor para la presidente que sale: haber entendido que una despedida elegante es la mejor manera de asegurarse la posibilidad de un regreso.

Hay otros puntos que destacar, como por ejemplo el que Macri, exitoso alcalde de Buenos Aires antes de aspirar a la presidencia, haya sumado voluntades a su alrededor para poder superar –aunque por poco- a estatura del poderoso partido gobernante.

Toda victoria debería implicar modestia; pero muy en especial la que conlleve márgenes estrechos. Y por otro lado, toca ser inclusivo y amplio al gobernar, ya que el gobierno saliente que pasa a ser oposición, cuenta también con un capital de votos nada despreciable.

Capital que, esperamos, tampoco sea sobrevalorado por los seguidores de los Kirchner, y que se entienda la dimensión exacta de hacer oposición, sin caer en tentaciones de estorbar al gobierno que se inicia, como una posible estrategia para allanarse el camino de regreso a la Casa Rosada.

Renunciar al poder no es fácil, y menos cuando se ha ejercido durante tanto tiempo, porque genera costumbre. Los medios internacionales reflejan que los diálogos para la transición gubernamental, si bien secos y tensos, se han mantenido en los parámetros de la institucionalidad, como debe ser.

Sobre su política exterior, dijo que intentará mantener buenas relaciones con todos, aunque no comparta los criterios de algunos. Esperemos que así sea y que el gobernante a estrenarse tenga como norte los usos de la buena diplomacia, que aleja de los excesos y anima a la convivencia pacífica, es lo más sensato que se puede hacer; aunque sin duda el cambio de signo en los gobernantes, reacomodará las relaciones de la nación albiceleste.

Sobre este asunto, al igual que sobre otros tantos temas que atañen a la conformación de un gobierno, puede arrojar pistas  la manera como respondió Macri al ser consultado sobre su ideología, en la cual rechazó amoldarse a cánones tradicionales: "Nuestra ideología es resolver, es hacer, lo definiría como un desarrollismo moderno del siglo XXI".

Y abunda en cuanto a la relación con otros países del  continente: "Queremos construir, afianzar buenas relaciones con todos nuestros hermanos latinoamericanos y con el mundo", y agregó que había recibido llamadas de felicitaciones de la presidente de Chile Michelle Bachelet, de la mandataria brasileña Dilma Rousseff y del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez.

"Argentina necesita intercambiar con todos los países para generar oportunidades", fueron otras palabras bastante significativas, tras lo cual ratificó que su primer viaje al exterior será a Brasil. Una decisión inteligente, por la proximidad del país y por el enorme peso de la nación brasileña en el continente.


Muchos interpretan la victoria de Macri como la llegada de vientos de cambio al continente. Los cambios siempre son bien recibidos, especialmente cuando la situaciones han estado estancadas por mucho tiempo. Aún es temprano para vaticinar le alcance y la dirección de esos cambios, hipotéticos, pero que sin duda sucederán. En todo caso, el mundo, y especialmente América Latina, miran a Argentina y a su nuevo presidente.   

domingo, 25 de octubre de 2015

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

El título de esta nota no se refiere solamente a los venezolanos que se encuentran en extremos opuestos de la circunstancia política, sin posibilidad de ubicarse en un sano centro de encuentro. En realidad es un juego de palabras y una manera de referirnos al rol que la cumpleañera Empresas Polar juega en la vida del país.

Los 75 años de este grupo empresarial lo encuentran lamentablemente en el ojo del huracán de una disputa política absurda e innecesaria, ya que se trata del mayor fabricante de alimentos del país, el cual debería esta ajeno a todo esto y enfocado en la importante labor que desempeñan.

Sin embargo, pareciera que la vorágine de la hiperpolitización que engulle al país atrajera todo hacia ese torbellino, sin posibilidad alguna de escape.

Entre finales de los años 30 y principios de los 40, los Mendoza sentaron las bases para convertir una antigua y pequeña compañía familiar de fábrica de velas y jabones en una compañía cervecera, tomando un riesgo para la época, importando maquinaria y abriendo las puertas a personal calificado que venía huyendo de la negra nube de guerra que ya amenazaba claramente a Europa. En Venezuela, mientras tanto, recién se despertaba de la larga noche del gomecismo.

Quizá el mayor aporte del conglomerado empresarial a la venezolanidad, haya sido la industrialización de la Harina pan, con lo cual se cotidianizó y masíficó el consumo de la arepa.

Pensemos en lo que era la realización de esa emblemática comida nacional hace poco más de medio siglo: había que pilar el maíz, una labor engorrosa que fue sustituida por la harina industrializada y que dio un vuelco al día a día de los venezolanos a partir de 1960.

Contribuciones de este calibre, son las que un país necesita. Que el empresario esté enfocado en su productividad, entendida esta como la generación de ideas para el bienestar colectivo. Y por supuesto, su implementación en la práctica.

Las plantas de Polar se han multiplicado por todo el país en estas décadas, hasta llegar hoy a un total de 28, que brindan empleo estable a miles de venezolanos. Amén de haberse creado la Fundación Empresas Polar, que cumple con el rol de responsabilidad social empresarial al apoyar la cultura nacional en muchas de sus variantes.

También es una iniciativa referencial del conglomerado, el haber creado en los terrenos donde había funcionado la primera planta de la empresa, ya desaparecida, fue construido el Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano (Cania), institución se especializa en el manejo interdisciplinario de la malnutrición infantil.

Los alimentos y bebidas bajo el paraguas de la marca se han diversificado, contando todos con la aceptación de los consumidores, e incluso trascendiendo nuestras fronteras, llevando muy lejos productos que nos identifican con un indiscutible sello venezolano.

Hablamos entonces, de una iniciativa particular con capital privado, que ha crecido y se ha mantenido en el tiempo, con la misión de proveer alimentos a la ciudadanía, amén de la creación de empleo y de la responsabilidad social que se deriva de su acción y actuación en el universo nacional.

Esto es el deber ser del empresariado y en este sentido estimamos que ha cumplido su rol y por ello es un interlocutor válido en la etapa compleja que actualmente vive Venezuela. Saben cómo producir en nuestro país, padecen las limitaciones del momento actual y sin duda deben tener respuestas para su superación.

La sinergia entre gobierno y empresa privada es el deber ser de una sociedad, pueden y deben coexistir pacíficamente, cada uno cumpliendo un rol distinto, porque tiene tareas específicas –pero complementarias- dentro del hábitat de una nación.

La invasión de las ocupaciones de uno por el otro, trae distorsiones que a la larga terminan por afectar a la gente, y eso es lamentable. El momento que atravesamos exige madurez de parte de todos, y específicamente abrir las voluntades hacia posibilidades de colaboración que muevan las energías nacionales en una misma línea y con objetivos conjuntos. Ninguno de los problemas nacionales puede ser resuelto por nadie en solitario.

Por ello, nos permitimos imaginarnos un diálogo constructivo, en el cual ambas partes se escuchen y salgan beneficiadas. Porque no se trata solamente de aliviar la tensión que se respira actualmente en la atmósfera cotidiana; sino también de aportar a la válvula de escape que todos los ciudadanos que apostamos a la paz estamos buscando. Y que a todos nos haría tanto bien.

Esperemos pues, que la convivencia y colaboración entre el gobierno nacional y Empresas Polar sea lo que marque el futuro y que ambas partes se puedan dedicar a producir, como nos conviene a todos, como es necesario para el bien del país.


domingo, 18 de octubre de 2015

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Me explicaba días atrás un amigo que es actor de teatro, cómo se aborda la creación de un personaje. “Yo no soy Romeo, pero ¿y si lo fuera?” Los creadores de las artes escénicas llaman a esto “el si mágico”, una propuesta a su propio subconsciente que hace que tomen como realidad una situación que es ficticia.

Me gustó ese ejercicio, y aplicándolo en mi ámbito de acción, me dije a mí mismo: “El país no va por el rumbo que queremos, son muchas las cosas que hay que corregir. Pero, ¿qué pasaría si las corregimos?”

Y ciertamente, la respuesta parece magia. Si enfocamos nuestra atención en lo que podría o debería ser, nos llenamos de una energía especial, de un ánimo y de un entusiasmo que es el que estamos necesitando en este momento. Y que, sin duda es el que nos llevará a lograr todas las cosas que deseamos y necesitamos para nuestro país.

Imaginemos que un buen día nos levantamos y conseguimos en las noticias que tenemos un gobierno que comienza a hacer las cosas en la dirección necesaria para nuestro crecimiento y progreso, para nuestra paz y consolidación como nación productiva y como un espacio para que sus hijos echen raíces que darán frutos valiosos.

La primera pregunta es: ¿y si se dejara de perseguir a la iniciativa privada? ¿Qué pasaría? Pues sencillamente, que florecería el empleo bien remunerado, que el Estado se quitaría de las espaldas el fardo de una enorme nómina de empleados  públicos que pasarían a conseguir empleos en la empresa particular, que serían bien remunerados y que se identificarían con la entidad para la cual laboran.

En nuestro ejercicio de imaginación sobre qué sucedería si ese país existiera, también el gobierno invitaría a la banca –tanto pública como privada- a abrir carteras crediticias para el fomento de la iniciativa particular. Los resultados se verían en la satisfacción de trabajador venezolano, no solamente en su remuneración, sino también en su ánimo.

También incluimos en este paso imaginario, el otorgamiento de microcréditos al pequeño comerciante, para que el venezolano emprendedor sienta el gusto de empoderarse, de generar su propio empleo y como consecuencia, propiciarlo para terceros.

Y muy importante, el turismo sería piedra angular de este desarrollo empresarial, aprovechando las imbatibles ventajas naturales de nuestro país y poniendo atención en formar adecuadamente a venezolanos que atiendan al visitante.

El siguiente paso, sería levantar el control de cambio. Se acabaría el mercado negro, se dejaría de especular con nuestra moneda, los precios se igualarían con los del resto del mundo y eso exterminaría fulminantemente tanto al bachaqueo como al contrabando de extracción.

Pero también los sueldos y salarios se promediarían con los del resto del mundo y ello otorgaría un poder adquisitivo más sólido al venezolano. Adicionalmente, las empresas extranjeras que opten por invertir en Venezuela, podrían expatriar libremente sus ganancias, lo cual crearía un círculo virtuoso: ese dinero sale; pero por la confianza generada, va a entrar mucho más.

Luego, se eliminarían y revertirían las expropiaciones. Empresas y tierras que actualmente están improductivas en manos del gobierno, regresarían a manos particulares y empezarían a producir. Se atraerían más inversiones, tanto nacionales como extranjeras, al regresar a un marco jurídico que otorgue confianza y seguridad a la libre empresa y finalmente el Estado venezolano se desharía de empresas que terminan constituyendo un lastre, para enfocarse en las actividades que realmente son medulares para cualquier gobierno.

En este orden de ideas, también se eliminaría el subsidio a la gasolina, que tiene las cuentas del país en rojo. Se sinceraría el precio, que sería lógico y pagadero por el venezolano que estaría ya para ese entonces justamente remunerado. Y se mantendrían ayudas a sectores medulares, como el transporte público.

Y se vigilarían concienzudamente las cuentas de la nación para que no se vuelvan a desequilibrar. El primer paso para evitar problemas de este tipo, sería eliminar las donaciones al exterior y los llamados intercambios de quienes nadie lleva una cuenta precisa. Nuestras riquezas exportadas deben ser pagadas en moneda dura, y con transacciones transparentes, a los ojos de todos los venezolanos.

Sabemos que nada de esto es así y que nos falta mucho para llegar a ese país ideal. Es enorme el trabajo que hay que hacer. Pero el preguntarnos a nosotros mismos ¿y si fuera así? nos llena del entusiasmo y el ánimo necesario para meterle el hombro a tantas metas.

domingo, 11 de octubre de 2015

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

En las últimas semanas, dos hombres de estilos muy distintos, han ocupado los principales titulares de los medios de comunicación estadounidenses, y por consecuencia, de la opinión pública internacional.

Se trata del Papa Francisco y de Donald Trump, precandidato republicano a la presidencia de EEUU para las elecciones de 2016.

Trump nació en el distrito neoyorkino de Queens, el 14 de junio de 1946; es un ejecutivo, político, empresario y millonario de Estados Unidos. Es el presidente de la Trump Organization y fundador de Trump Entertainment Resorts. Fue el presentador del espacio televisivo El Aprendiz hasta 2015. Tiene una fortuna de varios miles de millones de dólares.

Por su parte, Francisco, de nombre secular Jorge Mario Bergoglio Sívori, nació en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936 y es el actual Papa de la Iglesia católica. Conocido por su humildad, su adhesión a la opción preferencial por los pobres, Francisco muestra gestos indicativos de sencillez.

Vistos los dos perfiles tan distintos de estas dos personalidades, no es de extrañar que sus posiciones hayan chocado.

Trump siempre ha tenido interés en la política y en el pasado apoyó tanto a candidatos republicanos como demócratas. También comenzó a tener devaneos con la posibilidad de lanzarse él mismo a un cargo de elección popular. Estuvo muy cerca de pelear por la alcaldía de Nueva York y en ocasiones anteriores se especuló seriamente con su lanzamiento a la presidencia de la nación norteña.

Ahora, cuando es un hecho su aspiración a la candidatura republicana para la máxima magistratura, sus apariciones públicas han levantado una polémica enorme. Nos referimos a sus duras palabras hacia los mexicanos indocumentados y las afirmaciones que hizo respecto a expulsarlos y construir un muro en la frontera con sus vecinos –que debería pagar el mismo México-.

Han sido tan estruendosos los despropósitos verbales del magnate, que la única explicación es pensar que lo está haciendo adrede, aconsejado por sus asesores, para ganar centimetraje en la prensa.  Sus destempladas afirmaciones no son nada más políticamente incorrectas, sino también inviables desde el punto de vista práctico.

Una de las razones por las cuales se recibió tan positivamente la vista de Francisco en EEUU –y no una de las razones más importantes- fue porque alguien le robaría por fin el protagonismo de los titulares a Trump, quien, no se puede negar, ha maniobrado con sobrada astucia para mantenerse en la cresta de la ola. Ya lo ético es otra cosa.

Sin embargo, el precandidato no se dejó poner contra las cuerdas por mucho tiempo y como era de esperarse, atacó de nuevo.  Y así fue como arremetió contra las declaraciones del Papa a su llegada a territorio estadounidense.

Trump de entrada, catalogó de “bonitas”, las palabras del sumo pontífice en el congreso estadounidense; pero se mostró en desacuerdo con lo expresado por Francisco en los temas de la inmigración y el cambio climático.

Especialmente en el primero de estos asuntos, son obvias las diferencias abismales en las posiciones de estos dos importantes personajes. El primer Papa latinoamericano a su llegada a territorio norteamericano instó a los ciudadanos estadounidenses a no tener miedo a la llegada de los inmigrantes a su país; con lo cual ha contradicho lo que ha sido hasta ahora la bandera que ha permitido a Trump aglutinar seguidores y provocar a sus adversarios, pero siempre manteniéndose en el candelero.

Asimismo, el magnate dijo que está en desacuerdo con las declaraciones del Papa en cuanto al asunto del cambio climático, donde Francisco llamó a las naciones del mundo a abordar seriamente este problema y a cooperar para proteger el medio ambiente.

Sobre este tema, el empresario afirmó: “Se llaman cambios de tiempo: tenemos tormenta, tenemos lluvia, así como días bonitos”, mostrando su desacuerdo con lo expresado por el sumo pontífice. El precandidato cree que las políticas de reducción de las emisiones de CO2 “pondrían en peligro puestos de trabajo”, así como a “la clase media y la clase baja”.

Trump genera grandes desacuerdos, ya lo hemos dicho. Hay quienes lo defienden por haber sido un hombre creador de riqueza, generador de empleos. Un “self made man” u hombre que se hizo a sí mismo, según la tradición estadounidense.

Sin embargo, Francisco ha logrado un enorme impacto en la gente por su manera humana y sencilla de abordar el pontificado. Ha traído sensibilidad y apertura a la iglesia católica, y su periplo por Cuba, Nueva York y Washington lo ha erigido no solamente como una figura espiritual, sino también como un verdadero líder político, aprovechando sabiamente el peso específico del Vaticano.

Un pulso entre dos hombres sumamente importantes del mundo actual. Pero el factor humano debe ser el foco y el objetivo y el Papa Francisco le ha dado una gran lección.

domingo, 4 de octubre de 2015



David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Cuando entramos en el último trimestre del año, se activan las predicciones de lo que está por venir en el lapso de 365 días que está cercano a comenzar. Desde los esotéricos hasta los económicos, los vaticinios son tema de titulares y de conversaciones en la recta final que expira el último día de diciembre.

Y nos anotamos entre quienes observan con inquietud la economía, que para muchos ha entrado en una “tormenta perfecta” alimentada de errores internos de administración gubernamental, junto a la nunca suficientemente analizada caída de los precios petroleros.

Eso de “predecir” se le da mejor a quienes poseen una bola de cristal o implementos similares; pero sin duda, se pueden deducir los escenarios del futuro inmediato al observar situaciones actuales.

Llevar la línea de inflación se convierte en algo difícil, porque el Banco Central de Venezuela no publica este indicador desde el pasado diciembre. Y sucede lo que siempre debe suceder cuando nos faltan elementos informativos: el vacío se llena de dudas, de suposiciones, de rumores. Algo que no es sano.

Incluso, en un episodio tragicómico, apareció en twitter una cuenta denominada “Huevo Today”, suerte de sátira –mitad en serio, mitad en broma- del controversial Dólar Today. Y la intención es medir el aumento de los precios monitoreando el valor diario del cartón de huevos en distintas ciudades del país. Algo así como lo que hacen los economistas serios al comparar el precio de la hamburguesa Big Mac en distintos países, en lo que se ha dado en llamar el “Mac Dólar”. Monitorear el cartón de huevos es una opción bastante más rústica; pero a falta de pan, buenas son tortas.

Si nos vamos a otros cálculos extraoficiales –aunque más serios-, el Fondo Monetario Internacional estima en 95% el cierre de la inflación para 2015. ¿Es mucho, es poco, es acertado? En todo caso es un organismo que maneja el tema y que se aventura a hacer una proyección con base en su experiencia. Pero jamás podrá suplir las cifras ausentes del BCV, las únicas que pueden confirmarlo o desmentirlo.

Volviendo otra vez a la llamada “tormenta perfecta”, hay que agregar el escenario de la sobreoferta de petróleo en el mercado internacional, que se cruza con la desaceleración del crecimiento en China, factores sobre los cuales los analistas tienen los ojos puestos.

En esta situación es cuando lamentamos seguir siendo un país “monoproductor y monoexportador”, como bien nos enseñaron de niños en las escuelas, porque esta situación tiene muchos años, aunque se haya agudizado en los últimos tiempos.

Ya es tarde para saltar del barco de la dependencia petrolera, porque eso lleva tiempo y estamos contra reloj de cara a los urgentes problemas nacionales. Sin embargo, discrepamos de quienes aseveran que el gobierno no sabe lo que hace. La ruta que seguimos es una decisión tomada conscientemente, y tiene que ver con evitar el costo político de sincerar la apretada situación que hoy angustia a los venezolanos. Lamentablemente, esto no es una solución, sino una corrida de arruga.

Sin embargo, el satanizado FMI también asegura que la inflación bajará en 2016, algo que nos traería alivio a todos; pero que, de nuevo, constituye simplemente un pulso que solamente confrontaremos cuando hayamos navegado esas aguas.

Justamente es la misma institución la que advierte que sus proyecciones sobre Venezuela deben ser tomadas con cautela, pues existen distorsiones que son generadas por los cambios múltiples de la moneda y la creciente inflación. Esta última, por cierto, ya es de entrada la más elevada de la región y probablemente llegue a ser la más alta del planeta, aunque no tengamos la cifra exacta.

También se habla insistentemente del default o posible cesación de pagos de los compromisos económicos externos del gobierno. Respecto a esto, sí sería mejor tomar una bola de cristal, porque parecemos estar en un delicado equilibrio: la actual administración ha demostrado la voluntad de honrar dicho pagos; pero el embudo se hace cada vez más estrecho. Otra incógnita que no se dilucidará hasta que crucemos el río.

Parece cada vez más imperiosa la sinceración del precio de los combustibles que el mismo Ejecutivo puso en el tapete en meses pasados. Pero la vorágine noticiosa lo devoró sin que hubiera mayores intentos de reflotarlo.

Eso para no hablar de la urgente y necesaria revisión del sistema cambiario y de los controles de precios que general las distorsiones mencionadas previamente. Y en general, no se ve ya a estas alturas, forma alguna de escapar a una contracción del PIB superior al 7% estimada para el año que termina.

En definitiva, no vamos bien y el gobierno sin duda conoce las formas de salir de este remolino. Es su decisión aplicarlas o no para dar un golpe de timón en 2016.

domingo, 27 de septiembre de 2015

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

La reciente visita del Papa Francisco a Cuba, ha levantado tanto expectativas como polémicas. Los más optimistas, lo ven como un paso definitivo en la superación de una era para la historia cubana; mientras otros tantos consideran que fue más bien un evento protocolar y cosmético, en medio de cambios epidérmicos que no van al fondo de las desventuras que padece la isla.

Nos anotamos entre los del primer grupo. Y no se trata de un optimismo a ultranza, ni tiene que ver con un asunto de fe sin condición, aunque involucre la religión que profesamos. Se trata más bien de observar una sumatoria de hechos que va mucho más allá de la circunstancia que nos ocupa en estas líneas.

Como alguna vez lo comentáramos, mucha gente pasa por alto el observar con lupa que el Vaticano no es solamente el vértice de nuestra iglesia católica, sino también un Estado. Y como tal, dispone de musculatura y resortes diplomáticos. Una diplomacia que, por cierto, sabe hilar muy fino, con paciencia y visión de largo aliento y es, en definitiva, una de las más eficientes del mundo.

Por ello, la iglesia sabe moverse en circunstancias como la que hoy abordamos. Y sabe accionar en función de que las cosas se modifiquen. Lo hace con “mano izquierda”, por utilizar un término de arraigo popular. Pero lo hace, y bien.

Hay que ver, por ejemplo, el impacto que tiene esta visita en los ciudadanos de una república que abolió la religión hace más de cinco décadas, por lo cual la mayoría no tiene prácticamente ninguna referencia al respecto.

La visita de Francisco deja pues, a nuestros ojos, una apertura a la curiosidad, a la inquietud, que debe unirse a los vestigios de catolicismo –relativamente escasos, pero existentes- que quedan en la isla.

Hace más de medio siglo, los católicos optaron por esconder sus convicciones. Era un asunto de supervivencia. Y las abuelas llevaban discretamente entre sus ropas las medallas de los santos en quienes creían.

Sin embargo, la devoción a la Virgen de la caridad del Cobre se ha mantenido contra viento y marea, hecho que se pudo demostrar con las misa oficiada por el papa en su honor.

La mayor de las Antillas está pisando con paso cada vez más firme, en una etapa en la cual se comienza a asimilar con libertades lo que ha tenido que mantenerse en susurros por décadas y que no es otra cosa que el derecho que tiene cualquier ser humano a escoger su credo.

Los cambios en Cuba han sido lentos, es verdad. Demasiado lentos, dolorosamente lentos. La caída del Muro de Berlín fue el primer episodio histórico que trajo vientos renovadores y de esperanza. En 1992 el Estado cubano pasó de ser ateo a secular.

Desde entonces, la gente retornó a las iglesias, e incluso se celebraron oficios religiosos en casa de familia, ante la falta de espacios para la creciente ola de devoción y fe. Finalmente, en 1998, Juan Pablo II visitó la isla, solicitando apertura.

Se trató de otro Papa con gran conciencia política, que debió vivir en carne propia el nazismo y los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Aquella visita del llamado “Papa viajero” devolvió a los cubanos la Navidad, algo que puede sonar a cuento de hadas; pero que en realidad fue una victoria política importante.

Por todo ello podemos esperar progreso de la nueva visita de un pontífice a tierras cubanas. Más aún en este momento, cuando el entendimiento entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama y el gobierno de Raúl Castro ha dado pasos gigantescos en cosa de meses. Por cierto, que al respecto, el representante del Vaticano, comentó que  "es signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo".

La prensa internacional ha subrayado – y no sin razón- que lamentablemente Francisco no pudo verse cara a cara con la disidencia cubana. Sin embargo, estamos seguros de que el Papa los tiene presentes, y mucho más allá de las menciones que les hizo en el marco de un lenguaje diplomático, en el cual habló de “todas esas personas que, por diversos motivos, no podré encontrar”. También hizo mención “a todos los cubanos dispersos por el mundo".

Lo que al final del día interesa es el bienestar del pueblo cubano, que se incorporen de una vez y para siempre al siglo XXI, que haya libertad de culto, de empresa, que puedan entrar y salir libremente de su país y que puedan ponerse al frente de las modificaciones que consideren necesarias para decidir el futuro de su país.

El proceso ha sido largo y complejo, es verdad que aún falta mucho; pero reivindicamos el avance de la visita papal. Así como hoy podemos a la distancia medir el valor de la contribución de Juan Pablo II, estamos seguros de que, más pronto que tarde, podremos ponderar en hechos concretos la huella que habrá dejado el paso de Francisco por la isla antillana.

www.daviduzcategui.com

miércoles, 23 de septiembre de 2015

David Uzcátegui
@DavidUzcategui

Tras la polémica medida de cierre de frontera y declaración de estado de excepción, implementada por el gobierno venezolano en municipios del estado Táchira fronterizos con Colombia, la opinión pública nacional ha sido sorprendida con un nuevo paso adelante al respecto, al implementarse también dichas medidas en zonas de Apure y Zulia.

El Estado de Excepción en los municipios Bolívar, Pedro María Ureña, Junín, Capacho Nuevo, Capacho Viejo y Rafael Urdaneta del estado Táchira fue oficializado en gaceta Extraordinaria del 21 de agosto del corriente año por 60 días, un lapso prorrogable según lo determine el Ejecutivo nacional.

Pero dicho estado de excepción fue recientemente extendido a las zonas número 4, 5 6 y 7 de los estados Zulia y Apure, ubicados en la frontera con Colombia. Esto comprende los municipios Jesús Enrique Lossada, Rosario de Perijá, Machique de Perijá y la Cañada de Urdaneta (Zona 4, Zulia), Jesús María Semprún, Catatumbo y Colón (Zona 5, Zulia), zonas 6 (municipio Páez) y 7 (municipios Rómulo Gallegos y Pedro Camejo) en el estado Apure.

Recordemos que el decreto presidencial Nro. 6.194 argumenta que en dichas jurisdicciones “se ha presentado de modo sistemático, inédito, sobrevenido y progresivo una amenaza para el pleno goce y ejercicio de los derechos de los habitantes de la República”. El texto vincula las consecuencias del paramilitarismo, el narcotráfico y el contrabando de extracción.

El Estado de Excepción restringe el tránsito de mercancía y bienes, permite la inspección y revisión por parte de autoridades de los domicilios, lugares de residencia o estadía, prohíbe reuniones públicas, suspende el porte de armas y anuncia el despliegue de la Operación Liberación del Pueblo (OLP).

Asimismo, da potestad al Ministerio de Economía y Finanzas a establecer límites máximos de ingresos o egresos de la moneda venezolana de curso legal en efectivo; también podrá restringir determinadas operaciones y transacciones comerciales o financieras.

Ciertamente, la frontera con nuestro país hermano ha sido un hervidero de irregularidades durante décadas y se hacía necesario tomar acciones para sanearla y ordenarla, no solamente en bien de los venezolanos, sino de la población colombiana que interactúa con Venezuela y también padece numerosas irregularidades.

Lo que nos preguntamos es si las medidas tomadas fueron las correctas.

Desde el punto de vista humano, se han alzado voces a ambos lados de la línea divisoria, al quedar interrumpida su cotidianidad, al haber dejado en el lado contrario algo importante de su vida. Y la respuesta de las autoridades nunca es suficiente para mitigar el desasosiego que estas experiencias disparan.

La creación de la llamada Misión Nueva Frontera de Paz reconoce que allí había que hacer algo grande e importante, y por supuesto nos resulta atractivo el enunciado de paz en un límite que ha visto situaciones francamente dramáticas. Y sí, debería hablarse seriamente de algo nuevo a construirse allí.

Sin embargo, si el edificar un nuevo modo de convivencia en ese lugar implica barrer con “lo viejo” –llamémoslo así- hay que tener mucho cuidado, pues también hay tradiciones y usos que no pueden ser obviados y que deberían ser incorporados a esta nueva propuesta.

Los 2.219 kilómetros de frontera que comparten ambos países, siempre han sido vivos y calientes. Para bien y para mal. Y la acción gruesa que pueda afectar lo bueno que se haya construido, no es deseable para ninguna de las dos naciones.

Los días que han pasado desde que se tomó la medida han obligado a flexibilizar ciertos aspectos extremadamente duros, y esos es digno de aplauso. Y aún falta mucho más por adecuar para no lesionar la convivencia y la cotidianidad de una región tan conflictiva como productiva.

Ante una nueva e inmediata reunión de representantes diplomáticos, esperemos que se pueda avanzar más en soluciones. Lo primero es dialogar y Colombia tiene una gran escuela en asuntos de cancillería.

Los encuentros y las conversaciones previas parecen no mostrar grandes avances, pero la perseverancia terminará por derribar muros, mientras la realidad de lo que se vive en el sitio impone la búsqueda de soluciones. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, escribió en Twitter: "No desistiremos en solución diplomática".

Y no es poca la atención que se ha obtenido de naciones vecinas y organismos regionales. Afortunadamente, existe la conciencia de que debemos funcionar como un todo y sobran las voluntades para ofrecerse como facilitadores y mediadores.

Aunque sea un lugar común, es válido rescatarlo en este momento: al escoger entre muros y puentes, nos quedamos con los últimos.
 
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